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Pedro Velderrain, la persona
Nacido en 1960, criado en Los Mochis, Sinaloa, el mayor de los hijos de uno de los más reconocidos médicos ginecoobstetras de dicha ciudad. Esposo y padre. Católico



El médico
Graduado de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Certificado como especialista en Ultrasonido Diagnóstico. Entrenado y con experiencia desde 1984 en atención de pacientes ginecoobstétricos. Parte del grupo médico más prestigiado en Los Cabos.



Quien NO soy. (esto tiene que escribirse en primera persona)
Si usted ha llegado hasta aquí, probablemente fué porque me buscaba, sin embargo merece información de primera mano y directa: Soy un médico con cédula profesional y con una certificación de consejo en Ultrasonido Diagnóstico. No soy un ginecoobstetra certificado. Los hospitales están abiertos para usted y para mi porque EN PRIMER LUGAR me conocen igual de bien como conocen a todos los médicos de la región, y en SEGUNDO LUGAR (que a veces es el primero) necesitan SU dinero. Soy solamente un médico viejo (algunos dicen que experimentado) con una extensa vivencia en ayudar a nacer bebés. Como usted lo puede suponer, estando en esa realidad, no le haría nunguna intervención que usted no necesite, y si necesita cirugía ahí estará un colega certificado. En términos de opiniones, tengo el derecho de diferir de mis respetados colegas, así como usted tiene el derecho de elegir. Dios trabaja en las manos de todos. Y sin importar lo que usted haya oido acerca de mi, no soy, y lo repito, no soy la última coca del desierto



El futuro
Ser feliz y participar, por la gracia de Dios, de la felicidad de quienes lo rodean y de las personas que necesitan de sus servicios profesionales.




Oración
Señor Jesús, Médico divino, que en tu vida terrena tuviste predilección por los que sufren y encomendaste a tus discípulos el ministerio de la curación, haz que estemos siempre dispuestos a aliviar los sufrimientos de nuestros hermanos. Haz que cada uno de nosotros, consciente de la gran misión que le ha sido confiada, se esfuerce por ser siempre instrumento de tu amor misericordioso en su servicio diario. Ilumina nuestra mente. Guía nuestra mano. Haz que nuestro corazón sea atento y compasivo. Haz que en cada paciente sepamos descubrir los rasgos de tu rostro divino. Tú, que eres el camino, concédenos la gracia de imitarte cada día como médicos no sólo del cuerpo sino también de toda la persona, ayudando a los enfermos a recorrer con confianza su camino terreno hasta el momento del encuentro contigo. Tú, que eres la verdad, danos sabiduría y ciencia, para penetrar en el misterio del hombre y de su destino trascendente, mientras nos acercamos a él para descubrir las causas del mal y para encontrar los remedios oportunos. Tú, que eres la vida, concédenos anunciar y testimoniar en nuestra profesión el "evangelio de la vida", comprometiéndonos a defenderla siempre, desde la concepción hasta su término natural, y a respetar la dignidad de todo ser humano, especialmente de los más débiles y necesitados. Señor, haznos buenos samaritanos, dispuestos a acoger, curar y consolar a todos aquellos con quienes nos encontramos en nuestro trabajo. A ejemplo de los médicos santos que nos han precedido, ayúdanos a dar nuestra generosa aportación para renovar constantemente las instituciones sanitarias. Bendice nuestro estudio y nuestra profesión. Ilumina nuestra investigación y nuestra enseñanza. Por último, concédenos que, habiéndote amado y servido constantemente en nuestros hermanos enfermos, al final de nuestra peregrinación terrena podamos contemplar tu rostro glorioso y experimentar el gozo del encuentro contigo, en tu reino de alegría y paz infinita. Amén
El Vaticano, 29 Junio 2000 - Papa Juan Pablo II.

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